De la curiosidad al desaliento

Bené a Dadinho en Cidade de Deus
Ese es el estado en general de la población de Uruguay con respecto al Presidente Mujica. Como en todos los casos, hubo un periodo de expectativa, de cierta curiosidad voluntarista, de ver en este personaje otra cosa, otras actitudes, otras probabilidades que, los que nos opusimos siempre a él, sabíamos era lo que había que esperar.
Y la luna de miel ha sido de una brevedad similar a la de una estrella fugaz, nunca yo había visto tantas esperanzas caerse al piso en tan poco tiempo, ni durante la presidencia de Jorge yo había notado en la gente un desplome tal, salvo, claro, en los frentistas que todo justifican, como en todo gobierno del color que sea, hay quienes niegan la ley de gravedad para justificar cualquier cosa.
Desde su desgraciada, penosa y abyecta actitud frente al gobierno de Buenos Aires, que sigue repitiendo día a día a cambio de nada, amenazando volatilizar los depósitos de los extranjeros y crear una corrida cuyo daño ya nos imaginamos, hasta meter consejos de una desubicación y de una charlatanería de gauchito sabelotodo, como dijimos en una nota anterior sobre el tema que sea, para terminar al empezar a gobernar, a desaparecer del escenario a causa de excesos de stress y de quién sabe qué -porque a estas alturas todo es posible en este gran actor de tablado, terrorista que vendió una imagen de guerrero de la justicia cuando ni él ni ninguno de los de su patética banda calificó jamás como guerrillero de verdad, ya que en asuntos de armas fueron unos payasos sangrientos- que lo inhabilita o justifica a no gobernar mientras sus ministros, unos juanes y juanas sin experiencia, tocan botones y teclados como Homero Simpson, a ver qué pasa.
Tabaré Vazquez me infundía fastidio por su arrogancia, pero nunca pensé que no fuera digno de su cargo, me opuse a él desde acá, le dije de todo, pero siempre reconocí que era una persona capaz que hacía mal algunas cosas y bien otras. Pero, en el caso de Mujica, realmente me da la sensación, que describía en una nota anterior, de que no tiene -y me disculpan las Señoras y especialmente tú, Madelon María de las Mercedes y tus amigas del Club de Té- la mínima reputísima idea de qué hacer, salvo repetir las primeras notas de una canción que nunca termina de componer ni qué hablar de cantarla. Parece un aficionado al que tiraron al escenario mientras hace que afina la guitarra y la gente acumula fastidio porque se ve venir el colapso.
Y ese colapso no es solo el del que toca la guitarra, porque por mí y por la mayoría de todos ustedes, nos tiene sin cuidado que marche mil veces al cuerno o a la Antártida y no vuelva, sino del colapso de la credibilidad de un Estado, en donde un incapaz en todo con certificado de perdedor, como Astori ya está afinando otra de las guillotinas que, en su juego de académico sin la más reputísima idea de la realidad, nos va a caer sobre el cogote como si fuéramos gallinas en la feria, listas para ir a parar a la olla.
Seremos robados por el Estado Uruguayo como hemos sido robados, estafados, engañados, manipulados y pisoteados desde hace generaciones, y ahora en manos de unos que no saben ni siquiera donde estan parados, seremos acorralados por una banda de ladrones ineptos, que actuan al golpe de balde, agarrando un dia una direccion, al otro dia otra.
Están jugando con el país, haciendo malabarismos suicidas al borde del abismo, tocando temas que no se deberían tocar mientras el avión sigue volando sostenido por los que realmente trabajamos, esperando que los príncipes que el 9 de junio se van a mandar un paro preventivo, porque lo que ya les dan de más ni les alcanza, parásitos de la sociedad, no apreten demasiado a un gobernante que ha cedido a cuanta presión ha tenido y que ni come ni duerme ni sabe lo que hacer, porque lo que sí sabe es que no sabe nada y en su fuero íntimo, sabe que llegó por el sentido del humor negro de una sociedad desesperada, pero que no tiene el tamaño para ser Presidente de la República. Ni él ni ninguno de los que lo rodean.
Y nos da vergüenza verlo, escucharlo, ya no tiene gracia, el buen frentista ya extraña a Vázquez y los opositores extrañamos la mano de Dios o de quien sea para que el pesimismo con que vemos el futuro de la nación, en manos de un pobre anciano agotado y superado, nos permita seguir adelante con lo nuestro, porque es lo nuestro, lo que hace ladrillo a ladrillo, minuto a minuto, peso a peso, que el Uruguay no deje de existir para convertirse en un Estado fracasado en manos de sus vecinos o de los grupos de poder que más fuerza tengan.
¡Ánimo, aún cabe la posiblidad de que Santa Claus exista y para el 24 de diciembre nos traiga un país en serio!
Félix Obes Fleurquin
felix@equinoxuruguay.com