Equinox Fin de Semana

Notas de Felix Obes Fleurquin y del Semanario Equinox Fin de Semana de Uruguay

Thursday, September 22, 2005

LA VENGANZA DEL PINGUINO, COCINANDO AL TIBURON






LA VENGANZA DEL PINGUINO, COCINANDO AL TIBURON

En los mares de este mundo, los pingüinos son generalmente el lunch de los tiburones. Vean cómo hemos dado vuelta a la tortilla y el Pingüino de Equinox y su hija se han cocinado un tiburón


El otro día, a mi hija Virginia le vino ataque de papitis cocinero y me pidió que cocinara algo de pescado.
Era tarde ya y no había tiempo de ir a mi lugar favorito, el Puerto del Buceo, donde van los que saben de frutos de mar; sólo ahí se consigue materia prima para una buena cocina marina.

Así que tuvimos que ir al Disco de Punta Carretas en donde, en una góndola, tienen una variedad de pescados y mariscos digna de Treblinka, sólo apta para suicidas y malos cocineros, pero era lo que había.

La merluza, que no era más que pescadilla con rótulo de merluza, estaba más oscura que Mohamed Alí, la pasamos; la brótola, roja como un tomate, evidenciaba una ancianidad digna de Matusalén, pasamos; y lo único que estaba blanco y fresco, era el cazón (nuestro flaco y sudaca escualo, primo pobre de los tiburones que se almuerzan a la pareja de Mar Abierto) que no me gusta, pero como digo, era lo que había y la niña estaba de antojito. Compramos eso.

Como había que disfrazar el gusto fuerte del escualo nacional, compré, junto con el kilo y medio del bicho:

Un paquete de romero fresco
200 gramos de aceitunas sin carozo, trozadas
3 tomates orgánicos -están de moda- maduritos ellos
Un paquete de ciboulette para no tener que picar cebolla y dejar en Equinox una baranda anti clientes
1/2 kilo de papines, para no tener que pelar papas y meterlas con cáscara y todo

Y aquí llegamos a mi bunker de Ellauri, cueva del software baratinga y bueno, en donde cocino en micro y en un artilugio de plástico chino, que le dicen wok o algo así, regalo de divorcio de mi última esposa, que recibí con una nota que masomenos decía: A partir de hoy, ¡cocinate vos!

Ese coso tiene una bandeja donde se deposita lo que se va a cocinar y debajo de ella se pone agua, para que en el micro se haga al vapor; es buenísimo, salvo para hacer huevos fritos, lo que aún sigo tratando sin éxito.

Bien, en una primera etapa lave los papines, los corté al medio, los salé a mano, les metí pimienta negra con mi molinito, puse las hojas del romero -lo que me dio un trabajo de preso- y los puse a cocinar 15 minutos con el agua que había enjuagado del cazón, para darles olor a mar abierto.

Mientras se hacían trocé el bicho en postas, no estaba fileteado lo que era mejor, le metí más sal, toda la ciboulette o cebollín picadita -me olvidaba que había comprado 300 gramos de camarones que fueron ahí mezclados- más las aceitunas.

Cuando el micro dio el aviso de los papines, puse el pescado -o como se llame- sobre los papines, a los que pisé antes con tenedor para hacer espacio y al micro de nuevo 20 minutos, ya que el cazón necesita tiempo y tiene la virtud de no pasarse. Si hubiera conseguido merluza o brótola fresca hubiera quedado mejor y el tiempo de cocción habría sido de 5 minutos nada más. En el caso de usar un pescado menos delicado, como el abadejo, se llevaría 10 minutos.
¡Y ya! Lo comimos con Pepsi Ligth, lo que es un asco, ya que merecería un buen Borgoña -no soy de la escuela de que hay que tomar vino blanco con el pescado, odio al vino blanco- de mucho cuerpo. El tomate: nunca de nunca cocinen tomate, eso es de alemanes y turcos, lo pelé y rallé con rallador de queso sobre el plato, como si fuera queso. Un chorro de aceite de oliva... y punto.

Guardé la mitad en el freezer ya que, por experiencia, sé que estos cocidos de pescado tienen más fuerza y son más ricos al otro día.

Un abrazo,

Félix
felixobes@gmail.com


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