Equinox Fin de Semana

Notas de Felix Obes Fleurquin y del Semanario Equinox Fin de Semana de Uruguay

Friday, August 05, 2005

Con Madonna y Pipino El Breve


Con Madonna y Pipino El Breve
EL DULCE ENCANTO DE LA BREVEDAD

Mi padre siempre repetía aquello de "si lo bueno es breve, es doblemente bueno"; consejo que yo trato de aplicar a lo que escribo y que recomiendo a mis amigos. Esta semana, en la sección "Frases", publicamos varios ejemplos de pequeñas obras maestras de pocas líneas. Es un desafío para el que escribe y un placer para el lector.
Winston Churchill aplicaba esta regla para lo que tenía que leer; si le tiraban con más de tres páginas no lo leía. Me refiero a los memorandums militares y políticos de la guerra, aunque el gran estadista pecaba al escribir de lo que criticaba al leer. Su Historia de la Posguerra aún está en mis estantes desde hace años y estoy peleando con ella.
Pipino El Breve, rey Merovingio antecesor de Carlomagno, cuyos méritos exceden su nombre (¿Magno?) ya que fue un breve paréntesis sin consecuencias salvo para la mitología histórica de Francia -¡cuando no!- entre la decadencia de Roma y la barbarie feudal, no sabía escribir el tal Pipino y menos leer, pero el encanto de su brevedad es que su reinado fue un suspiro en la historia y un placer para los historiadores que, como no hizo nada más que ser breve, tenemos que leer poco o nada sobre él. ¡Ídolo!
Entre las maravillas de humana brevedad, una de mis favoritas es el reinado de Carolus Magnus III. De los I y II que deberían haberlo precedido, según los breves anales que Carolus escribió y del que queda nada más que el título en la Biblioteca Real de Bucarest, se cree -y Borges así lo afirma- que eran un invento para sentar precendentes de una dinastía de abolengo; pero resulta que ese escrito, efectuado mientras Carolus avanzaba con sus tropas a enfrentar a Nicodemo Paleologo al que pensaba derrotar y ser Rey Emperador de los búlgaros y Constantinopla, se quemó, menos el título junto con Carolus en la hoguera en la que por orden de Dios y Nicodemo, fue hecho al spiedo para ejemplo de futuros conatos contra el Imperio de Oriente.
Así de breve fue el reinado. El tiempo que media entre una mala idea, una cabalgata luego de una mamúa de órdago y mucha manija de los vasallos que lo abandonaron en el campo y corrieron como galgos por el este de Europa para escapar de la furia imperial y dedicarse a actividades más sanas y más redituables, como ser asaltar peregrinos a Tierra Santa, comerciar con los turcos y hacer contrabando de especias y putas hacia los almacenes y prostíbulos de Génova y Venecia. Por eso ni pasaron a la historia, tuvieron el encanto de una breve epopeya olvidada y una larga y tranquila vida de mercaderes y ladrones.

BREVE FUE...
El Romace del Buen Tabaré en el Reino de Los Cerros Nacido, con el Buen Caballero Guapín de Paysandulis, que a abrazos se tomaran y perdices compartieran en las almenas del castillo, el día de la victoria del primero y que por esas cosas que pasan, andan ahora tirándose guantes al rostro y amenazando zambombas y desastres. Es breve el romance entre contrarios cuando de repartir cargos se trata y más aún cuando ninguno de los dos tiene muy claro qué hacer con el Reino. Lo bueno de esto es que en la vida breve de los uruguayos estas calamidades cada cuatro años se solucionan con el discurso del nuevo rey, al que alegremente votamos un día para putearlo al siguiente; así de breve es nuestro amor por los monarcas y más breve su pasaje por la historia.

BREVE SERÁ PESE A...
Que América y el mundo hayan sufrido a George BII, dos términos ganados con tongo a la nigeriana, lo que quede registrado en los anales del futuro, salvo una lista de muertos de todos los credos y razas -que en eso admitamos que George BII es en lo único que es igualitario- de la aventura asiática hecha con soldados de segunda, con mercenarios que por la gracia de Alá, el Único y Misericordioso son escabechados para escarmiento de los que sin nada que hacer más que ganar unos dólares, se van a jugar el pellejo a Irak, donde, hete aquí Mendieta, que está lleno de irakíes que no gustan ni de la Coca-Cola ni la Biblia Metodista y que ahora unidos contra el invasor, tiran al pato con jolgorio islámico. George BII se creyó Alejandro Magno y resultó ser el Pato Donald.
Para terminar esta nota sobre el encanto de la brevedad, les comento que una vez, hace muchos años, cuando era joven y muy enamoradizo -condiciones que me hubieron de costar varios dolores de cabeza y muchos pleitos de divorcio con sus costos inherentes- escribía para una joven con la que tuve un breve romance que de tan breve permaneció sin efectos perecederos como suele pasar cuando pasamos del romance a la vida en pareja, lo siguiente:

HACE UN MILLÓN DE AÑOS
Un hombre volvía de la cacería, traía pedazos de carne peleados con lobos que luego serían sus perros; en el fuego de una gruta, en el medio de lo que mil años después sería Europa, recreaba pintando con sangre del mamut la cacería del día. En ese dibujo hecho con la punta de sus dedos, quizás con la de su lanza de obsidiana o de hueso, un mensaje a su venus de Lespuges que dormía grávida, a la espera de un hijo suyo o de otro cazador -eso es irrelevante- y en ese mensaje neolítico decía: "Mañana, una mañana única, que por una sola vez la humanidad verá, me voy a despertar y tú, dormida al lado mío, con un hijo en tu vientre, quizás mío, quizás no -eso no importa- será mi homenaje, mujer".
Y eso quedará miles de años escrito en piedras, más tarde en pergaminos, luego en papiros o antes y, al fin de cuentas, en correo electrónico, en alguna bitácora perdida en el cyberespacio que diga simplemente: "Esa mañana de sol corrías a mí y te abrazaba para sentir de tu piel, el gusto salado del mar, el calor del sol en tu cuerpo, en tu espalda".
Y todo volvía a su lugar con miles de risas, como la canción de Madonna que es el tema musical de esta semana, saber, "Love Profusion" que lo pueden pedir y aunque en realidad tiene poco que ver con esto, es bueno para escribir, de una, notas como ésta.
Y todo fue encantadoramente breve y recordable al punto de que, al no acordarme de quién era esa mujer, su recuerdo de breve, es imborrable. A veces el Alzheimer tiene sus ventajas.
Hasta la semana que viene.

Félix Obes Fleurquin

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