Equinox Fin de Semana

Notas de Felix Obes Fleurquin y del Semanario Equinox Fin de Semana de Uruguay

Monday, August 07, 2006

Tiempo de morir


Tiempo de morir




Cuando el Rey Carmesí es muerto al final de la Torre Oscura, el universo que pensaba destruir y que desaparecería con él, queda simplemente en su lugar, estático, indiferente a su final.

El morir es la única certeza que tenemos en la vida. Es inevitable, pero ciertos personajes que han llegado al poder por su fuerza de voluntad, no dejan de luchar por permanecer más allá de lo que nos indican la lógica natural de la vida y las incapacidades y errores que vamos adquiriendo y cometiendo a medida que avanzamos hacia la muerte y que se hacen parte de nosotros mismos.

Para Fidel Castro, un personaje que será olvidado en los libros de historia de los próximos años como lo fue el Rey Jergulin El Autóctono de Sogdiana -famoso en su tiempo allá por el 350 antes de Cristo por lo que molestaba al Imperio Seleucida- también olvidado para el vulgo de las gentes que de esa época tienen una vaga noción de Alejandro o Darío gracias al cine, ha llegado el tiempo de morir y de salir de la escena de su isla periférica del Imperio Americano al que ha incordiado bastante a lo largo de su vida.

De su isla, pequeña provincia rebelde del Imperio que sería levemente independiente durante no más de 50 años para volver dentro de poco a su esfera de influencia en la que todos vivimos, quedará algún registro en los anales del Siglo XX, seguramente como quedaron de Palestina en los archivos de Roma para que algún universitario dentro de 150 a 300 años haga alguna tesis original sobre hechos tan poco conocidos como la Guerra de Afganistán en los años 60 a 70 del siglo XIX, cuando el Imperio Británico mandó su expedición a Kabul de 43.000 soldados y civiles de los que sólo sobrevivieron algunos cientos luego de la retirada de invierno a través del Himalaya. Seguramente Fidel, que está muriendo y cerrando un ciclo de décimo orden en la historia del mundo, será tan poco citado como lo es hoy el republicano Galíndez o el bactriano Espitámenes del que hablaba yo hace unas semanas.

Nada útil quedará luego de él, nada que valga la pena sino la reafirmación de la regla bajo la cual nace, toma el poder y abusa de él cada pequeño reyezuelo de provincias, desde que el hombre dejó las llanuras de África Oriental y tomó el planeta.

Como dice T.S. Elliot en un poema que no recuerdo bien y que ni siquera estoy seguro de si era suyo:

Todo terminará no con un estallido,
sólo quizás,
con un gemido.

Y el mundo seguirá su curso, inventando para las gentes desesperadas como aquellos campesinos de Europa medioeval que seguían a cualquier monje alucinado hacia una Cruzada y eran olvidados a medio camino para ser tragados por el Imperio de turno, aniquilados, absorbidos, usados y reciclados en la permanente guerra del hombre por dominar a sus congéneres, que no es otra cosa que la parte más humana de nuestra naturaleza violenta y conquistadora.

Ha llegado el tiempo de morir para él y el tiempo de olvidarlo definitivamente para mal o bien, para lo que hizo, no hizo o pudo haber hecho este pequeño e insignificante líder de una minúscula porción de la Civilización Occidental.

Si en esa isla habrá una ola de violencia, de júbilo o de alivio, es algo que veremos en breve una vez que el muerto, como en el cuento de Borges, sepa que muerto está y que ha llegado la hora de irse.

Hasta la semana que viene.

Félix Obes Fleurquin
felixobes@gmail.com

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