Equinox Fin de Semana

Notas de Felix Obes Fleurquin y del Semanario Equinox Fin de Semana de Uruguay

Tuesday, August 11, 2009

LA MALDAD INTRÍNSECA


LA MALDAD INTRÍNSECA


¿Viste, que cuando pongo notas de gente de izquierda, aunque digan verdades de a puño, la gente no dice nada? Hay una dicotomía cerebral del uruguayo que confunde política con intelecto, que es capaz de fusilar a un genio de un partido opositor o aplaudir al idiota de su partido... Así fusilaron a Lorca, así a José Antonio del otro lado, porque era de izquierda uno y de derechas el otro. No hemos aprendido nada, después hablamos de democracia y nos horrorizamos con las matanzas de los Balcanes. Acá es lo mismo, pero aún no hemos empezado a matarnos porque la cobardía intrínseca del criollo mataría, pero por interpósita persona, si el Estado matara por ellos, como piden pena de muerte los que jamás serían capaces de defender a balazos su vida ni la de los suyos. No, no hemos aprendido nada, llega esta época desagradable de las polarizaciones políticas y la poca racionalidad de hoy se desvanece en medios de cantos y slogans patéticos de ambos lados, ambos lados predicando la maldad del otro no sus meritos, si los tuvieran.
El hecho de negarle a gente que opina diferente la capacidad de decir algo en lo que estemos de acuerdo por encima de colores e ideologías, es la mezcla, la masa originaria de las guerras civiles, el esquema básico de los genocidios que uno a veces ve tan lejanos pero que, de darse ciertas circunstancias, una falta de control del Estado, una catástrofe, una situación límite, ninguna cultura está a salvo de experimentarlos. Así fusilamos a Leandro Gómez y degollamos en Quinteros, matamos a Pascasio Báez, a Zelmar Michelini y al Toba Gutiérrez, porque todos ellos son víctimas del odio y del desprecio hacia la otredad, dijera un inventor de palabras. Por eso, cuando veo que todos, ¡todos! o, al menos la mayoría, hablan con desprecio del partido opositor, me da algo -a veces yo mismo soy víctima de esa maldad genética intrínseca a nuestra naturaleza violenta-, siento ruido de cuchillos saliendo de su vaina y una pena tremenda porque no hemos aprendido nada y seguimos odiando más que aprendiendo a conocer la naturaleza de los otros que no son más que nosotros mismos reflejados en el espejo.
Te preguntarás por qué escribo esto justo ahora. Bien, estando en Facebook -que me gusta mucho, es un ámbito muy interesante- al publicar ciertas cosas vi eso, alharacas festejando o chillerías negando, no vi ninguna, casi ninguna, salvo la de Daniel Jorge sobre una nota de Valenti, una nota inteligente sobre Los Chacales de la fe, que está en esta edición; y otra, de un periodista de izquierda, Carlos Santiago. Ambos en sus temas demuestran eso de que no hay que estar de acuerdo política ni ideológicamente para que lo que digan se lea con respeto. La nota de Santiago va también esta semana, pero han sido ignoradas o han sido escupidas con el argumento de "está bien, pero el tipo ese...", con lo que he vuelto a sentir ese odio latente que es el huevo de la serpiente que ha parido genocidios y llantos.
Y tá, ya entendieron, espero y aún teniendo mis preferencias políticas, mis ideas que todos conocen, vuelvo a ratificar eso que muchos fascistas negros, grises y rojos piensan que es una estupidez: no dejaría de luchar por la libertad de mi opositor de poder decir lo que él cree que es la verdad. Aunque la verdad, los lúcidos sabemos y soy lúcido -es mi única virtud que proclamo-, no la tiene nadie y todos tenemos una parte de ella, una mínima parte de una verdad total que sólo los nazis, los fachos, los rojos, los bolches y los imbéciles de nacimiento creen que poseen entera y que justifica sus actos; esos que yo defino como nazis de la diaria, los pequeños comunistas pichones de KGB o de SS, que son tal para cual.
Cool! He quedado mal con todo el mundo.
Hasta la semana que viene.
Félix Obes Fleurquin

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